Che, Nos Tenemos Que Juntar Un Día
Me armé de coraje y golpée la puerta.
Toc toc. Nada.
Cuando ya la idea de irme me había convencido, escuché un ruido de llaves en la puerta, y entonces mantuve la postura y me preparé... Finalmente te vería.
Años, distancias y compromisos nos separaron y desvanecieron nuestra compañía a la par de las nubes que pierden la forma que uno logra distinguir con tan sólo mirarlas unos minutos. Ahora estar codo a codo era algo impensable, ahora no sólo la forma desapareció sino todo aquel universo de lenguajes y jugarretas que formamos con tanta cotidianeidad del otro. Con un esmero involuntario pero con el amor y la amistad que nos caracteriza.
Y luego de veintitantos años que pasaron desde que la vida decidió separarte de mí (yo nunca lo quise pero tu sabes que la muy maldita siempre tiene la última palabra... o era la muerte esa? ah, ya no sé), hoy frente a tu puerta aprieto en mi bolsillo la servilleta donde anotaste tu dirección cuando alguna vez nos cruzamos de casualidad en el centro.
Mientras la puerta se entornaba lentamente para dar lugar a la ceremonia de mi tan ansiada reunión, imaginé que fue de tu vida.
Siempre te gustaron los números y te autoproclamaste la mejor contadora, algo que te critiqué hasta el hartazgo desde mi fanatismo por el campo, por lo rural y la vida natural.
Y te proyecté casi sin pensarlo como una exitosa empresaria, con su agenda rebalsada de citas y obligaciones, con sus almuerzos relámpago y su entrenador personal para no perder la línea tras horas y horas de reuniones y cortesía falsa al teléfono.
Casada? Con hijos? Podría ser. Eras familiera, pero aislada... En el mejor de los casos tendrías un hijo, para dedicarle la atención ajustada entre tanto cuidado personal, y cuando no se pueda, "para eso está el padre".
Y si estabas soltera? Y si al verme tus ojos se encendían y me decías entre lágrimas "Finalmente! Donde estabas?" y nos abrazabamos, y corríamos por un campo verde bien crecido, riéndonos como tontos, mientras a lo lejos el sol se ocultaba y de fondo se oía la dulce música de nuestros corazones!
Ah, que lindo hubiese sido...O también podía dejar todo librado al azar como te decía hace años, la espontaneidad en su punto máximo. Así que dejé de pensar. Y la puerta se abrió...
Saliste y te apoyaste contra el marco con la comodidad de un posadero, y tu mirada, con cara de sol de frente, no decía demasiado. De hecho no decía nada.
Estabas mas... "esbelta", por así decirlo, y yo sin entender nada de la moda y sus tendencias, puedo afirmar con seguridad que el conjunto que vestías no te favorecía en absoluto cualquiera fuese el ángulo de visión.
Tu cabello, que aún mantenía su "negro noche", parecía despertarse hace unos minutos de una larga noche y sin darme cuenta mi mirada extrañada se detuvo en él un tiempo considerable.
Entonces advertí que me examinabas al mismo tiempo, y me sonreí divertido. Tragué saliva y te miré a los ojos.
"Sí?"
Tu voz también sintió el paso de los años, y no se asemejaba casi nada a la que supo consolarme y aconsejarme en los malos ratos. De hecho recuerdo las noches que nos quedábamos hablando por teléfono horas y horas sólo para darme cuenta que tus palabras me transmitían tranquilidad y reafirmaban mi creencia en las caricias de las cuerdas vocales.
Pero la voz que escuchaba era de alguien atropellado por la rutina, de alguien peleado consigo mismo. Cómo saqué tantas conclusiones con un simple "Sí?" ?... Bueno, digamos que tengo experiencia.
"Lo puedo ayudar en algo?"
Otra vez la voz. Esta vez levanté las cejas por el golpe que me provocó escucharla nuevamente, en una segunda pregunta cuando todavía no había contestado la primera. Y eso que había empezado con una afirmación, y sin un saludo siquiera.
Claro que a esta altura daba por descartado que ibas a correr a mis brazos, y si así hubiese sucedido creo que también hubiese corrido pero en dirección opuesta, dadas las circunstancias.
Finalmente decidí que tenía que actuar, tenía que entablar conversación, romper el silencio y enfrentarte. Ahora era mi turno de cumplir mi parte de una conversación entre dos individuos. Tenía que decirte algo!
Entonces la duda me carcomía: por donde empezar? Remontarme a nuestros años felices a pesar de las marcas de unos cuantos años que llevamos encima? Contarte los rincones de mi vida, mis intereses y anhelos, y hasta quizá unas anécdotas graciosas para encontrar aquella risotada que fue reemplazada por una voz astillada?
Tantas preguntas! Mi mente desconcertada palpaba la oscuridad en busca de respuestas... hasta que la frase ideal se concibió en mi cabeza como el gran trabajo de un delicado artesano.
"Sí, disculpe que la moleste: la calle Larrazabal... es por acá?"
"Larrazabal... ah sí sí, a verr... es paralela a ésta pero dos más para allá, así que va hasta la esquina, vio? Y ahí dobla a la derecha y son una, dos y esa que la corta es Larrazabal...si?"
"Dos para alla y es paralela a ésta, no?"
"Dos para alla, sí sí"
"Bueno bárbaro, muchas gracias eh! Buen día"
"Chau, hasta luego, chau chau"


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